Supermercados,
establecimientos de horti-fruti, comerciantes
que operan en mercados, empresas que venden
alimentos naturales e industrializados por
regla general, productos de limpieza doméstica,
farmacias, farmacias y todos los demás que
distribuyen a los clientes envases plásticos
para acondicionamiento de mercancías deberán
pasar a ofrecer bolsas
biodegradables.
Es lo que preve la ley
8.884, de autoría del diputado Victor Mendes
(PV), aprobada con sustitutivo del dep. Tatá
Milhomem (DEM) y sancionada por el gobernador
Jackson Lago el pasado día 30 de octubre. Por
la ley, los establecimientos tienen plazo de
cinco años para sustitución de las bolsas de
plástico por las biodegradables. Están fuera
de la cobertura de la ley , los envases
originales suministradas por la industria de
alimentos, que poseen reglamento propio.
Según el autor, la
medida es una contribución a la causa
ambiental, ya que los envases biodegradables
se descomponen con más facilidad y en menos
tiempo que el plástico, uno de los materiales
más difícil absorción por la naturaleza.
“Se trata mucho más de un proceso
educativo, cuyo objetivo es reducir el costo
ambiental con el uso intensivo del plástico”,
explica Victor Mendes.
Para que se tenga una
idea, por año son producidas 210 mil
toneladas de película de plástico (de las
bolsas comunes), lo que representa 9,7% de
todo la basura en el país. Como el 90% de las
bolsas plásticas van para la basura, conforme
estadísticas de la Revista Ciencia del
Ambiente En Línea, eso genera problemas
adicionales como taponamiento de redes de
alcantarilla, dificultad en el desagüe del
agua de la lluvia e inundaciones. En los
vertederos y terraplenes sanitarios, forman
una camada impermeable que perjudica el
proceso de biodegradación de la materia orgánica
y la fertilidad de los suelos.
Según
la ley maranhense, biodegradables son los
envases confeccionadas con materiales de
descomposición acelerada por la acción del
calor y de la luz, microorganismos o, todavía,
que se desintegren por oxidación y cuyo
resultado de la degradación sea agua, gas
carbónico y biomasa.
La ley preve la aplicación
de advertencia y multas pecuniarias en casos
de desobediencia. Victor Mendes aclara, sin
embargo, que esas sanciones tienen función
educativa y de concienciación de las empresas
y de los usuarios con respecto a la necesidad
de preservar la naturaleza.
Mercado - Aunque sean
una atractiva opción de negocios, la demanda
en atacado por envases degradables, en todo
Brasil, todavía es limitada. Falta de
cultura, de leyes reguladoras y de decisión
política que favorezcan un cambio de
mentalidad explican ese cuadro.
Tanto la industria como
el comercio alegan el precio [entre 10% y 15%
más caro que las tradicionales] como
justificante para el uso todavía restricto de
envases ‘más amigables' al ambiente. “Esa
es una realidad que tiende a cambiar, pues las
propias empresas, movidas por el concepto de
responsabilidad social, están buscando
alternativas y encontrando opciones de lucro
con el marketing por el uso de envases
biodegradables y la venta de las llamadas
retornables, productos que agregan valor y
lucro a los negocios”, comenta Victor
Mendes.
Estados como Pará,
Paraná, Rio Grande do Sul y São Paulo ya
discuten o tienen leyes aprobadas en ese
sentido y ofrecen incentivos a las empresas,
motivados por el interés social. Ese hecho
viene estimulando el crecimiento de la oferta
de las biodegradables.
Según datos de la
Asociación Brasileña de la Industria de
Envases Plásticas (Abief) en 2007 hubo un
crecimiento de 2,5% en la demanda por bolsas
degradables comparado con el mismo periodo de
2006, cuando el país consumió 37 mil
millones de bolsas plásticas. Tal
crecimiento, sin embargo, se estabilizó,
tendiendo a crecer con la aprobación de los
instrumentos legales fuera de Brasil.
En el mundo, varios países
toman iniciativas en cuanto a la producción y
al gasto descontrolado de bolsas plásticas.
Irlanda fue la pionera a actuar en esa dirección,
en 2002, creando el Plastax, un impuesto que
cobra 0,15 euros por cada bolsa distribuida.
El valor recaudado es revertido en proyectos
ambientales.
Ciudades alemanas también
cobran las bolsas plásticos del consumidor.
En EE UU, San Francisco es la primera ciudad a
aprobar un proyecto de ley que impide el uso
de bolsas plásticas por grandes redes de
supermercados y farmacias. La medida debe
reducir el consumo de petróleo de la ciudad
en 3 millones de litros por año. Italia y
Francia, hasta el 2010, estarán en la lista
de las naciones que prohíben el uso de bolsas
de plástico.